Liverpool vs FC Barcelona
Champions

Deja Vú Blaugrana, el Barcelona arde en Anfield y vuelve a caer en Champions

El Barcelona vivió un auténtico Deja Vú en Anfield. Sin perdón y sin alivio, los azulgranas no aprendieron del escarnio del año pasado en Roma y volvieron a tropesar con la misma piedra.

Por: José David García Gámez

El Barcelona es incorregible en Europa. Superado en la ida, pero con el resultado como aval y un Messi que volvía  a ser decisivo en Champions, suponíamos que el conjunto culé tendría la seguridad, el fútbol y la madurez necesaria para superar la quimera de la Champions y avanzar en una fase que tenía tintes de sentencia por el marcador abultado y los aspectos contextuales que avisaban el advenimiento de un Liverpool debilitado. 

Sin Salah ni Firmino, Klopp tuvo que hacer gala de su capacidad de invención táctica para recomponer a un equipo que se le caía a pedasos en la previa, que dejaba a un Sadio Mané solo y naufragando con la misión imposible de la remontada ante un rival que mostraba fiabilidad defensiva, contundencia en ataque y un Messi comprometido e iluminado de cara a portería con diferencia de otras campañas.

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Sin suponerlo ni presupuestarlo, el plan le salió perfecto a los de Klopp, que como verdaderos vikingos y guerreros zeltas, aprovecharon la caldera sonora y ardiente de Anfield para armar su guión particular. El legendario estadio de los Reds tiene esa magia misteriosa que le saca los colores al más pintado y espanta a los más valientes. Una cancha inexpugnable que  difícil de ultrajar, de conquistar y salir vivo con el botín lleno.

Los héroes de la noche fueron dos suplentes. Dos jugadores residuales que han aparecido en momentos puntuales y han cumplido con su papel de ajitadores desde el banquillo para mantener la vida y la regularidad al cuadro de KloppOrigi y Wingnaldum. Dos jugadores fiables en su trabajo. Salir, cumplir y darle un empuje extra en los momentos donde el plan A no tiene gasolina ni fondo para subsistir. Por ello es que están vivos en la Premier League y en la Copa de Europa.

Los fantasmas de Roma hicieron presencia

El Barcelona vivió un auténtico Deja Vú en Anfield. Sin perdón y sin alivio, los azulgranas no aprendieron del escarnio del año pasado en Roma y volvieron a tropesar con la misma piedra. Miedo escénico, falta de carácter y mala gestión de partido. Todo apareció en un mismo momento y un mismo instante. Así es Europa. Una mala noche es suficiente para mandar al traste todo. 

Lo que deja claro el partido del pasado martes es que el Barcelona no jugaba bien. Ganaba por inercia, tenía mucha pegada en las áreas y lo dejaba todo en la inspiración e iluminación de Messi. Del número '10'. Del Diós del fútbol. Del todopoderoso y del omnipresente. La realidad es que Messi es una víctima más de la mentira que desde el Camp Nou se ha querido vender.

No basta con tener al mejor jugador del mundo en tu equipo. El Barcelona, a través de un ejercicio de historia, tiene que volver a la bases. Al buen fútbol y a la intención de ser protagonista en los partidos. De dominar el balón en cualquier campo y no tratar de fiar todo a que tu portero te salve el cuello cuando te superan y a que tus delanteros tengan pegada. Que metan una de tres y que de ahí parta todo. Lo dice la historia. Entre más cerca estes de tus maneras, más probable es la consumación del éxito.

Pero también es una realidad que es en estos partidos donde el rosarino tiene que salir. Levantar al equipo, pegar dos o tres gritos como capitán, tomar la pelota y hacer las maravillas que siempre hace. En Anfield no pudo. No siempre se puede, pero si él gana solo, pierde solo. Así es la valoración para aquellos que quieren mantener una linea de opinión coherente y un juicio parejo.

Porque a pesar del temprano gol de Origi a los siete minutos, el Barcelona tuvo ocasiones suficientes para liquidar la eliminatoria. Sobre todo a la contra y a las transiciones. Pero no las concretó y las palpitaciones de los de Klopp seguían ahí. Latiendo. Lento, otras veces rápido y luego con locura y alarido. La Champions es la Champions. Si no matas a tu rival, ellos te matarán a ti. Por eso no están fácil ganarla. Son pocos partidos, pero en donde casi siempre te enfrentas al máximo nivel del fútbol. Sin respiro ni excusas.

Messi tuvo un par, Jordi Alba otra y después Luis Suárez en el amanecer del complemento falló un mano a mano con Alisson. Después el Liverpool, ante la plaga de lesiones, supo sufrir. Tuo un gran sentido de la superviviencia y cuando olió la sangre fue con todo a por ella. Klopp dio una clase magistral de motivación. Sabía que la eliminatoria se ganaría desde la emoción y la enjundía que le podía proporcionar a los suyos, y el Barcelona luego del primer gol, viajaba en la depresión crónica representada en Messi que ya deambulaba por el campo, y el nerviosismo era la cara andante de un equipo que de alguna macabra forma, sabía que se dirigia al más oscuro de los abismos.

El Barcelona tiene un problema estructural. Sin filosofia, buen juego y con una mala política de fichajes el club va a la deriva. No contrata a los jugadores que quiere ni a los técnicos que adoptan y maman la idea del barcelonismo. Ya no produce jugadores de la cantera y ahora ha tenido que salir y despilfarrar como todos los proyectos ganadores que quieren mantenerse en un alto nivel competitivo para seguir ganando títulos y para estar en los grandes escenarios.

Hoy Valverde es el máximo señalado. Su idea y el fútbol que concibe es contracultural para el club al que dirigie. Un sitio particular. En donde se tiene que ganar, pero importa el como se gana... y mucho. Ha conseguido resultados, tener a toda la plantilla conectada y de su parte. Su planteamiento pudo no ser el adecuado y su idea podría no ser la más atractiva, pero ha sido alguien práctico, alguién que ha puesto más o menos a los que se lo merecen y que en general ha manejado muy bien el caso Coutinho, defenestrado por la hinchada y a pesar de tener un estado de forma lamentable y el caso Dembélé con sus multiples lesiones.

Se ha quitado el esnobismo que existe alrededor del estilo en el Barcelona y ha hecho, quitando las Champions, dos temporadas muy completas a nivel local, construyendo a un equipo fiable, contínuo, regular, sólido, con mucha pegada y que compite bien en el día a día. Aquí los máximos señalados tienen que ser los jugadores. Que fueron superados en intensidad, agresividad, actitud, tuvieron miedo escénico y no supieron reaccionar cuando el terremoto rojo se les vino encima.

Por eso ante la pregunta surgen otrs cuestionamientos que quedan en el olvido por la memoria selectiva: ¿Donde está Messi? ¿Donde está el triplete? ¿Donde están los barcelonistas con su doble moral que ahora se amparan en la cuna del resultadismo? a eso se ha reducido el Barcelona: al resultado, a Messi y al gasto en bandada de millones y millones de billetes en buscar contratar a buenos jugadores, y como les sucede a todos, menos según ellos que han tenido a su disposición la máquinaria mediática necesaria para crear un mundo utópico paralelo, ahora, ya no hay nada que presumir. 

All You Need Is Klopp

Hoy el técnico alemán es el máximo ganador. Tuvo la capacidad de recomponer a un equipo que ante las lesiones se le caía a pedasos pero pudo, mediante la mentalidad, motivación y el carisma que le imprime a sus jugadores, mantener una idea, una forma y que los futbolistas con menos minutos sacaran fuerzas extras desde su interior y dieran lo mejor de sí ante un rival que ya llegaba a Anfield con la sensación de que estaba jugando una cascara para calentar y llegar bien a Madrid.

Fue un equipo con una gran actitud, mucha entrega y que peleó hasta el último suspiro cada balón. Que propuso el partido como una verdadera guerra y la personalidad de sus jugadores acompañados por el rugir del estadio fue algo simplemente maravilloso de ver.

Con futbolistas defenestrados como Origi, Shaquiri, que tuvo un partido horrible ya que falló mucho en el pase y Wignaldum, que estaba molesto por inicar en la banca, sacaron su orgullo, la casta y todo el sentimiento que tenían dentro. 

Lo único que necesitaron fue a Klopp. Un tipo con energía, electriidad en su fuero interno y que sabe como llegarle al corazón a sus futbolistas para que den lo mejor de sí aun si estos no tiene las condiciones futbolísticas para ofrecer una gran calidad en el juego. Armó un equipo que ensanchaba el campo cuando tenía el balón  y que los achicaba cuando el Barcelona lo poseía.

Un partido completo y Maravilloso. Una verdadera noche mágica de Champions. Liverpol a la final por segundo año consecutivo. Merecido. Porque tuvieron corazón, espiritu y el valor de no saber cuando rendirse. Madrid los espera. Europa se la debe a Klopp... y a un Liverpool que lo único que necesita, es Love, y eso en el fútbol, lo tiene Klopp... y de sobra.